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  • Noticias 29.06.2012

    29.06.2012 РJuan Jos̩ T̩llez
    Fuente: El Correo Web

    Le pagan un sueldo por decirle al Parlamento lo que piensa la gente y el Parlamento se enfada cuando lo hace. José Chamizo, Defensor del Pueblo de Andalucía, montó el cirio la pasada semana al decir a sus señorías, “la gente está muy enfadada, está hasta el gorro de todos ustedes, no sé si me explico”. No se ha retractado cuando, en estos días, ha vuelto al lugar del crimen. El suyo, eso es cierto, era un tono dulce, pero transparente, aunque les reprochara a los miembros de la Cámara que, en lugar de avanzar en la solución de “los problemas del personal”, anduvieran en cambio “en la peleíta”.

    Santo que mea, maldito sea. José Chamizo no es San Chamizo. A veces se equivoca, como todo hijo de vecino. Y quizá debió incorporar su propia figura institucional, que también es parlamentaria, a esa peleíta que denunció en nombre de la ciudadanía, con un formidable conocimiento de causa. Sin embargo, la frase fue certera. Y no porque viniera a coincidir con la creencia de que en tiempos de borrasca, más nos valiese cerrar filas para intentar aguantar el chaparrón que ponernos a discutir de quién es el paraguas. Es un brochazo, claro. Un titular periodístico. Como cuando Pedro Pacheco dijo aquello de “la justicia es un cachondeo” y viendo cómo se ha retirado de la carrera judicial a Baltasar Garzón y cómo ha transcurrido el caso Dívar, nadie cree que el proverbio del exalcalde de Jerez merezca notas a pie de página.

    Después de decir lo que dijo Chamizo, Manuel Gracia, presidente del Parlamento y una de las personas más sensatas que conozco, tuvo que reconocer que Chamizo tenía razón pero que tal vez se hubiera equivocado en las formas. Muchas otras mentes lúcidas también lo creen, pero permitan que me atreva a rebatirles: el cura, poeta, dramaturgo y activista de Los Barrios no estaba cimbreando los pilares de la democracia, sino que intentaba ayudar a cimentarlos mejor. Sus palabras venían avaladas por un copioso informe cuyo resumen pormenorizado, demasiado a menudo, ha vaciado los escaños del hospital de las Cinco Llagas. Ahí sí hay un reflejo de lo que opina la gente, hasta convertir las quejas en quejíos. Quizá, en lugar de soltar aquel aserto, tendría que haber dicho algo así como: “Ante la problemática que afecta al pueblo andaluz, todos sus representantes públicos debieran abandonar sus controversias dialécticas y, respetando las diferencias ideológicas, profundizar en aquello que les une más que en lo que les distancia”. Si se hubiera manifestado así, muchos de los parlamentarios no se habrían mosqueado tanto. Pero tendrían que preguntarse por qué al Defensor, por llamarle pan al pan y vino al vino, suele aplaudirle el pueblo soberano que suele quedarse más frío ante el resto de quienes elegimos para que decidan por nosotros y que quizá, en algún momento de su vida, llegaron a creer que la retórica no tenía nada que ver con Castelar o con Demóstenes, sino con la prosa poética del BOJA, el léxico de un crucigramista y la dinámica salmodia del rosario, justo antes de la misa de media tarde.

    admin @ Viernes, 29 de Junio de 2012

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