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  • Opinión 20.07.2012

    20.07.2012 РJuan Jos̩ T̩llez
    Fuente: El Correo Web

    Nuestro verdadero rescate comenzó ayer. Pero no ocurrió en el enfurruñado Parlamento alemán cuyas señorías, con ese aire de superioridad de quienes deciden la libertad vigilada, tuvieron más derecho a decidir sobre la economía española que nuestro propio Congreso de los Diputados. Tampoco el rescate se fraguó en los altos despachos del Bundesbank, con el Banco de España convertido en una especie de sucursal de pedanía. Ni tuvo que ver con un repentino ataque de compasión por parte de esos a quienes llamamos los mercados para echarle la culpa de este entuerto a nuestros planes de pensiones en lugar de la acuciante voracidad del poder económico, que sigue siendo, hoy más que nunca, el poder político.

    El rescate no vino de la mano de Cristóbal Montoro, ministro de la cosa y diputado por Sevilla, que viste uniforme de bombero con gas inflamable en su manguera, especializado en hundir todo lo posible a su Andalucía electoral y a España toda, la malherida España, ante los altares de la prima de riesgo. Prosiguen los sacrificios humanos en la basílica caníbal de los dioses del déficit cero, en cuya ara degollamos a quienes dependen de su familia o de alguien que quizá vino de ultramar, a los asalariados de la función pública, a quienes se las ventilan como autónomos o a quienes engrosan las filas del desempleo. Todo sea para salvar a la bella durmiente de la banca española y que bese tiernamente a la FAES como final feliz de esta película de miedo.

    Sin embargo, tampoco vendrá el rescate de la mano de la Junta de Andalucía y su actual Gobierno, con cara de yo no fui y con la perplejidad del payaso de las bofetadas. Malos tiempos para la épica: las mesnadas blanquiverdes parecen demasiado cansadas para ganar la batalla de las Navas de Tolosa, aunque no tengan ni puñetera gana de firmar las capitulaciones de Santa Fe ni de revisar el Pacto de Toledo. José Antonio Griñán y Diego Valderas quieren hacernos ver que han sido abducidos por un extraterrestre del que les resulta imposible liberarse y que la tijera que llevan en la mano la maneja realmente Mariano Rajoy, mientras ellos se empeñan en intentar cubrir con tiritas esta masiva hemorragia interna que nos devora.

    Nuestro verdadero rescate empezó ayer. Fue por la tarde. Los sindicatos como una piña, juntos por primera vez desde casi nunca. Y a su lado, España. Esa rara patria que triunfa en las canchas y fracasa en los parqués y que por fin se ha dado cuenta de que nadie acudirá a rescatarla. Y que como no se salve sola, no la salvará ni Dios. Así, tras una misma pancarta, latía una rabia misma, una gana común de empezar de cero, de expulsar a los mercaderes del templo de la democracia y recrear estados que protejan a los ciudadanos antes de que los ciudadanos y el estado nos veamos definitivamente desprotegidos. Somos un peligro para quienes constituyen un peligro para todos nosotros. Ellos lo saben. De ahí que no sólo pretendan recortarnos la paga, el derecho al paro o la pensión que también sucumbirá probablemente en agosto. A su vez, vuelven a amordazar a la radiotelevisión pública para que no cuente lo que realmente ocurre. Y, también ayer, profundizaron en el ajuste de nuestras libertades, en un mano a mano entre PP y CiU, para que la calle deje de ser nuestra y vuelva a ser de los herederos políticos de Fraga. Quizá cuando España rescate a España sobrevenga definitivamente una transición verdadera y aunque probablemente no volvamos a ser nunca tan ricos como antes, tampoco tal vez seamos tan sumisos o tan idiotas.

    admin @ Viernes, 20 de Julio de 2012

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