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  • 05.08.2012 – Juan José Téllez
    Fuente: Público.es

    No sabemos si salvarán el euro, pero de momento nos están echando a perder la democracia. Nos asustan y nos ajustan. Ya han convertido la Constitución en un libro de cheques sin fondos: que se ajusten, coño, gritan humillantemente a nuestro congreso de los diputados el tricornio de la troika, la acorazada Brunete del Bundesbank, el elefante blanco del banco central europeo. Los mercados uniformados tienen a la salud y la educación acorraladas en el hemiciclo, mantienen a las pensiones como rehenes y han bancarizado los medios de comunicación con los suplementos de color salmón apuntándonos a la nuca.

    Del ruido de sables, a la machacona música de las agencias de rating, sin nadie que parezca preguntarse verdaderamente en voz alta: ¿y si nos rebelamos y organizamos un maquis de ideas frescas, una guerrilla desarmada contra tantos desalmados?

    El Rey se cae y España también. Los monárquicos dirán que nuevamente su señor está a la altura de las circunstancias. Si se le comparase con la Alemania de hoy –socialdemócratas y democristianos vuelven a cabalgar juntos en esto–, la Margaret Thatcher de ayer parecería una militante de la Joven Guardia Roja. Aunque la asignatura pendiente de la deuda española la dejan para septiembre, los dueños del cotarro repiten el estribillo de que vamos en la dirección correcta: por eso, Mariano Rajoy habla en pesetas y Alberto Ruiz Gallardón en Queipo de Llano. España dejará de ser verdaderamente grande y libre, como durante los últimos treinta años, pero volverá a ser una, a fuer de arrinconar a las autonomías contra las cuerdas. Lo que no pudieron los tirantes de Fraga Iribarne lo podrá, a pesar de las tiranteces, el consejo de política fiscal y financiera prácticamente en manos de un partido que nunca creyó en el café para todos ni en más nacionalidad que la de los estancos. Si no te gustan las noticias, decapita a Ana Pastor. Al No-Do de este formidable Gran Hermano le parece chungo que los sindicalistas como Ignacio Fernández Toxo tengan vacaciones y les resulta lógico que nuestro presidente se tome un asueto aunque ya no se lo pague la Red Gurtell y coloque de becario de nuevo a su parachoques Esteban González Pons.

    Aunque ya hace mucho que supimos que no se juega con las cosas de comer, volveremos a cambiar la dieta mediterránea de los comedores escolares por el phoskitos y nuestros hijos tendrán que decidir otra vez si olvidarse del donut o de la cartera camino de un colegio  que será menos público, a bordo probablemente de transportes privatizados como lo será Renfe, con una flota más vieja que la de Argentina. Del cheque bebé al no hay un duro para las guarderías apenas han pasado dos años. Hubo un tiempo que nuestros gobernantes amasaban promesas imposibles. Hoy se afanan en recortes más que probables, que nos llevarán más temprano que tarde a los diez millones de parados, mano de obra barata para que los salarios se desplomen hasta el 30 o el 50 por ciento incluso entre los yuppies que han logrado milagrosamente recolocarse después de pasar el sarampión de un ERE.

    Dirán que el rescate por venir será suave, que es lo mismo que pregonar que nuestros soldados van a la guerra, en misiones de paz, para matar poquito. Sin embargo, lo peor no es que nos venzan, sino que nos dejemos derrotar. Si nos congelan los sueldos, congelémosles la sonrisa. Si pretenden quitarnos la ley de dependencia, declaremos nuestra independencia. Y si nos quieren cobrar por la justicia, hagamos que ellos paguen por su injusticia.

    Contra su golpe de Estado, más estado. Contra el secuestro de la soberanía, más soberanía. Contra la democracia detenida otra vez en los calabozos de la Puerta del Sol o en los de la Puerta de Brademburgo, gritemos nuevamente, como lo hicimos entonces, en ese tiempo pretérito al que nos están llevando los viejos cangrejos del yugo sin flechas: amnistía, libertad y gobierno provisional.

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  • 29.07.2012 – Juan José Téllez
    Fuente: Público.es

    El poder siempre tiene su lógica, aunque no nos lo parezca. El actual Gobierno abarató los despidos supuestamente para crear empleo, pero en realidad sólo quería aumentar el número de parados para bajar el nivel de los salarios. Nadie mejor que Alberto Ruiz Gallardón para ejemplificar la filosofía del PP, que se basa en el axioma “ni si, ni no, sino todo lo contrario”. Cree que no debe autorizarse el aborto para los fetos malformados, porque son personas, pero se les debe esterilizar una vez creciditos porque ya no lo son e incluso pueden ser contagiosos. Si la Iglesia, por cierto, piensa que son seres humanos, ¿por qué no les deja comulgar sin ser dignos de que Jesucristo les visite? Y si los conservadores creen que se debe inmolar en el altar de los sacrificios a sus madres para evitar que los sacrifiquen asépticamente antes de las catorce semanas de embarazo, ¿por qué al menos no mantienen el pago de las sillas de ruedas, de las ambulancias, de los cuidados que tal vez requieran una vez recién nacidos? El alma es pública, dirá la FAES, pero la gestión de sus consecuencias corresponde a los mercados.

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  • 30.01.2012 – Juan José Téllez
    Fuente: Público

    El derecho no tiene por qué ser Don Quijote. Y ocurre a menudo que la razón y el corazón de la ciudadanía se acongoje por determinadas sentencias, desde la que absolvió a varios de los implicados en el caso de Marta del Castillo alegando insuficiencia de pruebas, como la que convirtió a Francisco Camps en un mártir en vez de un notable usuario de trajes por cohecho impropio. ¿Cómo explicarnos la presencia en el banquillo de un juez acusado por los fascistas de investigar los crímenes del franquismo? Algo falla. Y habrá que repararlo para que el afecto hacia las victimas no escatime garantías para los encausados, o viceversa.

    Después de linchar el noble ejercicio de la política en la plaza pública, ahora vamos por el de la justicia. Ambos oficios, es cierto, han dado motivos para ello, pero tampoco es plan de quedarnos sin civilización frente a la barbarie.

    Haría falta un quince eme para la administración justiciera. Sin embargo, resulta dudoso que la reforma que plantea el ministro Alberto Ruíz Gallardón vaya a alcanzar semejante objetivo. La sonrisa del PP quiere establecer la prisión permanente porque sabe que incluso en sus propias filas encontraría rechazo la cadena perpetua. Pero que se lo pregunten a Miguel Montes Neiro, que lleva encadenando condenas desde el 76, sin delito de sangre ni que le valga el indulto parcial del anterior Gobierno. Preciso sería más bien aplicar una reforma concienzuda de la ley de enjuiciamiento criminal tan decimonónica, en una España donde la legislación es tan exigente que tenemos las cárceles llenas en el país con menos criminalidad de su entorno.

    Es legítimo que la derecha quiera reformar la justicia, pero ahora pretende sentar a los presuntos delincuentes menores en el banquillo que los adultos y que sus padres le acompañen a la hora de abortar aunque no a ser operados a corazón abierto como permite la ley de autonomía del paciente de la era Aznar. Tal vez convendría bajar la mayoría de edad a los dieciséis y el derecho al voto por lo tanto. A lo mejor ellos sabrían cómo hacer que la justicia fuera justa y poética al mismo tiempo. O que Don Quijote llevara toga de vez en cuando.

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