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  • 24.09.2011 – Juan José Téllez
    fuente: Público

    El imperio se desploma a la velocidad que los científicos atribuyen ahora a esos neutrinos que desmienten a Einstein, nuestra última religión verdadera. Un satélite se precipita en caída libre como las bolsas sobre el Pacífico, pero en las casas del pueblo han cambiado a Pablo Iglesias por las obras completas de Asterix: “Por Tutatis, el cielo se cae sobre nuestras cabezas”, anticipan los secretarios generales, mientras Obelix se apresura a agarrarse a su escaño como si fuera un menhir, a la manera de aquellos calvos de Forges en la poltrona de la transición.

    En los momentos chungos, nos damos de hostias por un clavo ardiendo: “Las mujeres y los niños primero”, suele gritarse en los naufragios. Sin embargo, las damas y los más jóvenes están siendo arrojados por la borda en las próximas candidaturas del PSOE al Congreso y al Senado. Los mismos que venían preconizando la igualdad parecen dispuestos a que haya menos chicas en la Carrera de San Jerónimo y en la Plaza de la Marina Española que en las cortes constituyentes. Ocurrió en Finlandia: cuando derogaron las cuotas y las listas cremallera porque parecía que ya no hacía falta imponerlas por ley, volvieron los parlamentos Veterano, cosa de hombres.

    Los socialistas han colocado a España en primera línea de las políticas de igualdad, desde la ley del mismo nombre o las normas contra la violencia de género, o la reforma de la Ley del Aborto enconada durante décadas. Por no hablar de sus iniciativas a escala europea como la reciente ordenanza común para perseguir en todo el territorio de la Unión a esos que dicen que quien bien te quiere te hará morir. Durante nuestra presidencia europea, el Gobierno del PSOE reforzó la declaración de Pekín y respaldó la iniciativa de ONU Mujeres que actualmente lidera Michelle Bachelet. En ese proceso, La Moncloa ni siquiera escatimó sacrificios rituales como el de Bibiana Aido, arrojada a los pies de la caverna.

    Cabe preguntarse ahora si tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas fueron de alguna utilidad. Sobre todo, cuando en vez de ceder paso como también haría un caballero, vemos apelotonarse ante los puestos de salida de los próximos comicios a un sinfín de masculinos singulares, sin memoria y sin vergüenza. O que tan sólo atinan a disculparse con un escueto: España y nosotros somos así, señora.

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  • 12.06.2011 – Juan José Téllez
    Fuente: La Voz de Cádiz

    No era una postura erótica sino el año de las primeras elecciones municipales de la democracia. 1979, 3 de abril. El Partido Comunista de España anunciaba en sus carteles: «Quita un cacique, pon un alcalde». Treinta y dos años después, eso del caciquismo está muy repartido, entre el caciquismo político que hoy ejercen todos aquellos alcaldes que han sabido rodearse de una clientela electoral y el económico, que ya no reside tanto en las viejas familias terratenientes sino en las trasnacionales que han terminado haciéndose con casi todos los latifundios de la provincia.

    Ayer sábado, tomaron posesión los nuevos ayuntamientos de la provincia, pero ya no fue posible aquel compromiso histórico de la izquierda que propició, entre el PSOE, el PCE, el PSP y el PSA, que la UCD apenas gobernara en ningún municipio de la provincia, a excepción de Vejer o Tarifa por ejemplo, a pesar de haber sido la lista más votada. Aquella toma de las corporaciones locales marcó, desde luego, el curso de la transición. No era la primera vez que ocurría algo así.

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  • 25.05.2011 – Juan José Téllez
    Fuente: La Voz de Cádiz

    eguro que el fracaso tiene explicaciones. Quizá es que no le pusimos suficiente empeño, que nos dormimos en los laureles del pasado y que no solo fue terrible la crisis que nos tumbó a todos sobre la lona de la historia sino la forma de gestionarla.
    Lo cierto es que nos enfrentábamos a enemigos poderosos. Aunque quizá es que nos faltó imaginación y nos sobró rutina, o que el miedo escénico, de nuevo, nos colocó contra las cuerdas. Tal vez tuvimos que tirar de la cantera más a menudo, en vez de contentarnos a fichar a grandes figuras que nos garantizaran resultados casi milagrosos pero que no nos aportaran nuevas utopías, esas ideas que cambian el mundo de la noche a la mañana sin miedo a que nadie nos sorprenda fuera de juego.
    En estos terribles momentos en los que buena parte de los nuestros se enfrentan al ser o al no ser del viejo Hamlet, hay que tener claro de dónde venimos, rescatar nuestro veterano corazón de suburbio, nuestra humilde equipación de obreros del día a día, de gente que siempre tuvo más imaginación que fortuna pero que logró convertir en leyenda incluso las derrotas que impidieron que acariciáramos los sueños como los puños de hoy sostienen delicadamente a las rosas del porvenir, como las plumas escriben sobre el yunque.
    A nuestro lado tuvimos a Carlos Díaz y al Che Guevara, incluso conseguimos que Javier Ruibal se sumara a nuestra causa, pero no ha podido ser: hemos sido arrollados por la apisonadora de quienes siempre prefirieron conservar, sin arriesgar un ápice, sin dar a conocer siquiera como iba a ser su juego. Pero ahora resulta que nuestros partidarios les prefieren y volvemos a casa con las orejas gachas, habiendo dejado media vida en ese terreno donde no sólo sudamos la camiseta sino que encima la hemos perdido.
    Miro de soslayo a mis compañeros y adivino su desazón, su pregunta latiendo entre los labios: ¿qué es lo que hemos hecho mal, en qué nos equivocamos? Añoro sin duda otros tiempos en los que no sólo el pueblo era capaz de arriesgarlo todo por un sueño sino cuando nuestros dirigentes también participaban de este mismo entusiasmo, de ese salto sin red, de esa maravillosa afición a encontrarle salida a los callejones sin salida.
    Desconozco qué es lo que vamos a hacer a partir de ahora. Quizá sería cuestión de escuchar a los nuestros, a esa gente que nunca hasta ahora nos había negado el voto aunque fuera en blanco. Habrá que quemar romero para que se vaya lo malo y venga lo bueno, para aventar el desván de los malos espíritus y volver a empezar desde cero. Pero no hay que perder la esperanza ni pensar tan solo en resucitar a Pablo Iglesias o a Irigoyen para que nos arreglen las cosas. Seguro que el segundo centenario del Cádiz no lo pasamos en Segunda B.
    Lo juro por Andy & Lucas.

    Seguro que el fracaso tiene explicaciones. Quizá es que no le pusimos suficiente empeño, que nos dormimos en los laureles del pasado y que no solo fue terrible la crisis que nos tumbó a todos sobre la lona de la historia sino la forma de gestionarla.

    Lo cierto es que nos enfrentábamos a enemigos poderosos. Aunque quizá es que nos faltó imaginación y nos sobró rutina, o que el miedo escénico, de nuevo, nos colocó contra las cuerdas. Tal vez tuvimos que tirar de la cantera más a menudo, en vez de contentarnos a fichar a grandes figuras que nos garantizaran resultados casi milagrosos pero que no nos aportaran nuevas utopías, esas ideas que cambian el mundo de la noche a la mañana sin miedo a que nadie nos sorprenda fuera de juego.

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  • 22.05.2011 – Juan José Téllez
    Fuente: La Voz de Cádiz

    Tardaron dos horas en llegar desde la Plaza de España a la de la Constitución, frente a Puertas de Tierra. Como en otras ciudades españolas, la afluencia de público a la manifestación de Democracia Real, en Cádiz, el pasado 15 de mayo, sorprendió a los propios participantes. De nuevo, volvía a sonreír la primavera y una generación dormida espabilaba.
    Allí estaban los activistas de las redes sociales de la Bahía, desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía a los ecologistas, desde el pacifismo que todavía frecuenta la marcha anual contra la Base de Rota a Mauro Quiñones, el hijo de Fernando y director de la Fundación que lleva su nombre: también un hijo de Caballero Bonald figuraba en la comitiva que se sentaba sobre el asfalto de tarde en tarde y prorrumpía en gritos altermundistas, en el rechazo al chantaje de los mercados o en otros lemas al uso: «PSOE-PP, la misma mierda es». Pero allí había militantes del PSOE, antiguos cargos públicos incluyendo a un ex gobernador civil.
    Entre la muchedumbre, por ejemplo, la directora de una sucursal bancaria o una peña de profesores. Un grupo de activistas de la CGT enarbolaba el pulso actual de la vieja acracia, pero tampoco faltaban jóvenes y viejos cenetistas. El gentío preguntaba de higos a brevas donde estaban los otros sindicatos. Pero no habían venido ni se les esperaba, aunque no faltasen afiliados entre aquella horda de rebeldes pacíficos. En la movilización, participaban funcionarios, un sinfín de estudiantes metiendo ruido, voluntarios de Caritas e incluso algún sin techo. Y varios militantes de IU arropaban a su candidato Sebastián Terradas al frente. Se sumaron a la larga caminata poetas y narradores como Manuel Jesús Ruiz Torres, que ese mismo día acababa de presentar en público su libro de versos ‘El inicio del mundo’, en la Feria del Libro.
    Mucho más de mil personas en un domingo soleado y cuando la mayor parte de los medios de comunicación habían omitido publicitar la convocatoria. Entre los asistentes a la movida no había candidatos del PP ni del PSOE. Marta Meléndez, a la cabeza de la candidatura socialista, seguía durante dicha jornada batiendo la ciudad, pero asumió como otros cargos públicos de su partido que había que escuchar las protestas aunque lo importante en democracia, como subrayó en el mitín final de campaña en Puntales, es participar en la ceremonia del voto que tendrá lugar hoy. Algo así había venido a decir Bibiana Aido, secretaria de Estado de Igualdad pero tuitera y bloguera como muchos de sus coetáneos que habían logrado levantar barricadas pacíficas en la red. Para ella, «lo realmente preocupante es que los jóvenes no participen en política».
    Levemente inquieta, en los días siguientes, Teófila Martínez, del PP, asumió la postura de otros cargos de su partido, apuntando en alguna ocasión hacia la teoría del contubernio pero considerando que era legítima la acampada que habría de iniciarse días más tarde en la plaza del Palillero: «Entiendo su desesperación, pero que no digan que todos somos iguales porque estén obligados sentimentalmente a apoyar políticas de izquierdas y les hayan defraudado».
    Sin embargo, la mayor parte de los gritos de los manifestantes del domingo y de los acampados posteriormente, iban dirigidos hacia la política neoliberal, que es postiza como un atraco a mano armada en los actuales discursos de la socialdemocracia, pero que es genuina, personal e intransferible entre los conservadores de toda la vida. Y así se expresaron los jóvenes que leyeron el manifiesto de ‘Democracia Ya’ ante las puertas dominicales del Instituto Columela una vez que los guardas del edificio de la Subdelegación del Gobierno les invitaron a no concentrarse ante dicho lugar. Y la política neoliberal, a fin de cuentas, la asumen los socialistas por presión de los mercados, pero forma parte de la naturaleza sustancial de la derecha. ¿A quién perjudicará electoralmente más esta protesta? No se sabe. Y, a la media o a la larga, más allá del día de hoy, puede darle grandes quebraderos de cabeza a un PP cada vez más seguro de su triunfo.
    Hasta el Palillero se desplazaron muchas otras personas para mostrar su solidaridad con una causa que gana adeptos por momentos. Entre otros músicos, actores e incluso batucadas, Javier Ruibal les visitó el viernes para acompañar a los indignados, porque él también lo estaba. Algunos de ellos se habían echado a dormir en los vestíbulos bancarios, quizá porque los bancos nos estén quitando el sueño a todos.
    Por el momento, la tensión entre la mordaza de la Junta Electoral y el empeño de los manifestantes en seguir concentrados hasta la jornada electoral de hoy, provocó la suspensión de un mitín, el que Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente del Gobierno, ministro del Interior y diputado por Cádiz, tenía previsto dar en Algeciras el viernes. Tanto en dicha ciudad como en Jerez y otros municipios de la provincia, habían surgido espontáneas concentraciones, por más que Democracia Real se hubiera desvinculado en principio de dichas acampadas, alegando en principio que no había convocado ninguna movilización con posterioridad al 15-M. Incluso ellos mismos, quizá, se vieron superados por los acontecimientos.

    Tardaron dos horas en llegar desde la Plaza de España a la de la Constitución, frente a Puertas de Tierra. Como en otras ciudades españolas, la afluencia de público a la manifestación de Democracia Real, en Cádiz, el pasado 15 de mayo, sorprendió a los propios participantes. De nuevo, volvía a sonreír la primavera y una generación dormida espabilaba.

    Allí estaban los activistas de las redes sociales de la Bahía, desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía a los ecologistas, desde el pacifismo que todavía frecuenta la marcha anual contra la Base de Rota a Mauro Quiñones, el hijo de Fernando y director de la Fundación que lleva su nombre: también un hijo de Caballero Bonald figuraba en la comitiva que se sentaba sobre el asfalto de tarde en tarde y prorrumpía en gritos altermundistas, en el rechazo al chantaje de los mercados o en otros lemas al uso: «PSOE-PP, la misma mierda es». Pero allí había militantes del PSOE, antiguos cargos públicos incluyendo a un ex gobernador civil.

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  • 10.04.2011 – Juan José Téllez
    Fuente: La Voz de Cádiz

    Hay años horribilis y hay semanas peores. Desde el pasado sábado 2 de abril cuando Rodríguez Zapatero confirmó que no iba a presentarse a la reelección como presidente del Gobierno, el PSOE vivió peligrosamente los últimos siete días, aunque todos acataron la consigna de que no se abriera el melón de las primarias hasta después de las elecciones del 22 de mayo.
    Sin embargo, en Andalucía y en Cádiz se armó la marimorena. El domingo día 3, el clima parecía en calma en el Circuito de Velocidad de Jerez. Por la zona VIP se cruzaban Luis Pizarro, consejero de Gobernación, Francisco González Cabaña, presidente de la Diputación de Cádiz, y Gabriel Almagro, delegado de la Junta en Cádiz y a la sazón responsable del Consorcio del Bicentenario. Por el mismo pasillo, paseaba el consejero de Turismo, Luciano Alonso, con Manuel Jiménez Barrios, ex alcalde de Chiclana y secretario general de Deportes de la Consejería de Turismo de la Junta. El Rey Juan Carlos I iba y venía entre los boxes y el podio, junto con la Infanta Elena y se piraba luego en helicóptero. Claro que el único que no estaba era José Antonio Griñán. Y habría tenido que estar.
    Al día siguiente, lunes, Pizarro se reunía con su equipo para rendir cuentas del mes de La Pepa que acababa de clausurarse y de cuyo balance dieron cuenta a los medios de comunicación entre valoraciones positivas y votos de buenos augurios aunque algunos patrocinadores de los eventos del 12 se resistieran a aflojar la tela. Gabriel Almagro, con una buena gestión a sus espaldas, traía buenas impresiones de su última gira por los despachos de Madrid y de Barcelona. Entonces, estalló un artefacto político de previsibles consecuencias: para el consejo de Gobierno del día siguiente, se confirmaba la destitución ‘ad limine’ de Almagro. Y su sustitución, precisamente por Jiménez Barrios. Luis Pizarro levantó el teléfono: «Pues si lo destituís, yo me voy». «Las puertas las tienes abiertas», le replicaron al otro lado del hilo.
    Y decidió salir. No fue un calentón, diría luego, sino que lo llevaba sopesando desde hacía meses. Que no se arrepiente y que no se siente ni víctima ni culpable. En realidad, como luego se supo, se trataba de una bomba de relojería. Desde la ejecutiva regional del partido y desde la propia Junta, llevaban un año intentando decapitar a Gabriel Almagro, en gran medida, los ojos, los oídos y los brazos de Pizarro en la provincia gaditana, durante los días que él no la recorría de cabo a rabo como el último cantón que le quedaba al que fuera vicesecretario general de los socialistas andaluces durante el largo mandato de Manuel Chaves. Bueno, el último no, si se tiene en cuenta que desde la dirección socialista de Almería se apresuraron a respaldar a la ejecutiva gaditana que titula González Cabaña.
    La noticia saltó ‘on line’ a los medios de comunicación, que empezaron a hacer conjeturas, intentando ver fantasmagorías -el escándalo de los ERE como absurdo telón de fondo-cuando lo que se trataba era de una herida mal cicatrizada, la del último congreso de los socialistas andaluces cuando González Cabaña rehusó incorporarse a la ejecutiva regional para no perder el poder de la Diputación y la tutela del partido en Cádiz. ¿Por qué Griñán, secretario general y presidente de la Junta esperó un año para ensayar un jaque mate contra el gran fontanero de los socialistas andaluces durante los últimos veinticinco años? ¿Por qué ahora, apenas a mes y medio de las municipales? Si la maniobra de acoso y derribo de San Vicente o de San Telmo se hubiera producido antes, quizá se hubieran evitado algunos roces importantes en la elaboración de las candidaturas. Y, desde Arcos a Vejer por ejemplo, no se trata sólo de la batalla de Jerez donde, éramos pocos, esta semana la diputada Mamen Sánchez confesó a la cadena Ser que también le habían ofrecido encabezar la candidatura. Con ella y con Manolo González Fustegueras, el número de precandidatos que no llegaron a serlo se eleva a la enésima potencia. De hecho, incluso pueden empezar seriamente a traumatizarse aquellas personas a las que no les hayan ofrecido sustituir a Pilar Sánchez al frente de esa lista.
    El martes, la dimisión subsiguiente de los hombres de confianza de Pizarro en la Consejería, entre ellos el viceconsejero Gómez Periñán, se analizaba como otro síntoma de guerra interna, cuando se trataba de una decisión lógica si se tiene en cuenta que, a pesar de los análisis de algunos medios de la capital de Andalucía, sus relaciones no eran precisamente idílicas con Francisco Menacho, vicepresidente tercero de la Diputación pero de distinta familia sociliasta y quien fue designado como sustituto de Pizarro al frente de la Consejería. Al menos, tras la reunión de la ejecutiva provincial en Paterna, las aguas parecieron amansarse. Una comunicación de la dirección regional recomendando a los presidentes de las diputaciones andaluzas donde actualmente el PSOE no goza de mayoría que se abstuvieran de postularse internamente para la reelección, desarmó el comité extraordinario que González Cabaña había convocado para el viernes. También quedó desactivada una supuesta dimisión en masa de delegados provinciales con la que se había llegado a especular. Así las cosas, si no vuelven a ocurrir escaramuzas, los socialistas gaditanos podrían haber enterrado momentáneamente el tomahawk respecto a la dirección andaluza que hoy por hoy titula José Antonio Griñán. Difícilmente, apaches y comanches podrían ganar la próxima guerra a los cowboys del PP, tirándose entre sí flechas envenenadas. Sólo conseguirían hacer el indio. Y que el Séptimo de Caballería les encerrase en las reservas.

    Hay años horribilis y hay semanas peores. Desde el pasado sábado 2 de abril cuando Rodríguez Zapatero confirmó que no iba a presentarse a la reelección como presidente del Gobierno, el PSOE vivió peligrosamente los últimos siete días, aunque todos acataron la consigna de que no se abriera el melón de las primarias hasta después de las elecciones del 22 de mayo.

    Sin embargo, en Andalucía y en Cádiz se armó la marimorena. El domingo día 3, el clima parecía en calma en el Circuito de Velocidad de Jerez. Por la zona VIP se cruzaban Luis Pizarro, consejero de Gobernación, Francisco González Cabaña, presidente de la Diputación de Cádiz, y Gabriel Almagro, delegado de la Junta en Cádiz y a la sazón responsable del Consorcio del Bicentenario. Por el mismo pasillo, paseaba el consejero de Turismo, Luciano Alonso, con Manuel Jiménez Barrios, ex alcalde de Chiclana y secretario general de Deportes de la Consejería de Turismo de la Junta. El Rey Juan Carlos I iba y venía entre los boxes y el podio, junto con la Infanta Elena y se piraba luego en helicóptero. Claro que el único que no estaba era José Antonio Griñán. Y habría tenido que estar.

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