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  • 30.01.2012 – Juan José Téllez
    Fuente: Público

    El derecho no tiene por qué ser Don Quijote. Y ocurre a menudo que la razón y el corazón de la ciudadanía se acongoje por determinadas sentencias, desde la que absolvió a varios de los implicados en el caso de Marta del Castillo alegando insuficiencia de pruebas, como la que convirtió a Francisco Camps en un mártir en vez de un notable usuario de trajes por cohecho impropio. ¿Cómo explicarnos la presencia en el banquillo de un juez acusado por los fascistas de investigar los crímenes del franquismo? Algo falla. Y habrá que repararlo para que el afecto hacia las victimas no escatime garantías para los encausados, o viceversa.

    Después de linchar el noble ejercicio de la política en la plaza pública, ahora vamos por el de la justicia. Ambos oficios, es cierto, han dado motivos para ello, pero tampoco es plan de quedarnos sin civilización frente a la barbarie.

    Haría falta un quince eme para la administración justiciera. Sin embargo, resulta dudoso que la reforma que plantea el ministro Alberto Ruíz Gallardón vaya a alcanzar semejante objetivo. La sonrisa del PP quiere establecer la prisión permanente porque sabe que incluso en sus propias filas encontraría rechazo la cadena perpetua. Pero que se lo pregunten a Miguel Montes Neiro, que lleva encadenando condenas desde el 76, sin delito de sangre ni que le valga el indulto parcial del anterior Gobierno. Preciso sería más bien aplicar una reforma concienzuda de la ley de enjuiciamiento criminal tan decimonónica, en una España donde la legislación es tan exigente que tenemos las cárceles llenas en el país con menos criminalidad de su entorno.

    Es legítimo que la derecha quiera reformar la justicia, pero ahora pretende sentar a los presuntos delincuentes menores en el banquillo que los adultos y que sus padres le acompañen a la hora de abortar aunque no a ser operados a corazón abierto como permite la ley de autonomía del paciente de la era Aznar. Tal vez convendría bajar la mayoría de edad a los dieciséis y el derecho al voto por lo tanto. A lo mejor ellos sabrían cómo hacer que la justicia fuera justa y poética al mismo tiempo. O que Don Quijote llevara toga de vez en cuando.

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  • 02.01.2012 – Juan José Téllez
    Fuente: Público

    Ana Mato,artífice de la exitosa campaña electoral del PP, ignora que por la boca muere el pez. Ya le ocurrió en plenos comicios cuando propagó la leyenda urbana de que los niños andaluces estudiaban sin pupitres y despatarrados. Habrá que ver qué dice ahora, como ministra de Salud y otras yerbas, sobre los saturados servicios de urgencia de algunos hospitales en vías de extinción.

    Entre sus actuales responsabilidades, figura la de Igualdad, un cometido que ni siquiera se articula hoy a través de una secretaría de Estado como ya la degradó ZP. Y, en ese contexto, ella ha vuelto a eludir el término de violencia machista para sustituirlo por el de violencia en el entorno familiar. No es la primera vez que lo hace. Las palabras no importan, aseguró. Si fuera así, ¿por qué su partido le da tanta importancia a la voz matrimonio cuando se aplica a las bodas de los homosexuales? Hay palabras y palabros, debe pensar. Pero a unas y a otros las carga el diablo: ¿violencia en el entorno familiar? El concepto de familia del que tanto alardean los conservadores españoles, ¿no nos remite a Heidi antes que a los Simpson.

    Una de las primeras medidas de Su Ilustrísima no debiera ser la de modificar la ley de violencia de género, como ya ha anunciado, y sustituirla por otra que satisfaga a la caverna que aún habla de dictaduras feminazis. Tendría que modificar la Ley de Igualdad. O, en caso contrario, obligar a cumplirla al presidente Rajoy: según su articulado, es ilegal un gobierno con tan sólo cuatro ministras.

    Las palabras no importan. Bibiana Aido pronunció el tabú “miembra” y la lincharon. No le fue mejor a Leire Pajín en el macroministerio que ahora ocupa Mato. Revisen las hemerotecas y la batería de calificativos contra ambas o contra otras ministras sociatas: desde sastrecillas a asesinas. Me alegro que Ana Mato no se encuentre con similares improperios. Las palabras sí importan. Y no es lo mismo la crítica democrática que los chascarrillos cuarteleros y los escupitajos de taberna. Claro que ese distingo lo ignoran muchos de quienes auparon a sus actuales señores, señoras y señorías hasta el banco azul.

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  • 28.11.2011 – Juan José Téllez
    Fuente: Público

    Los recortes comunitarios, por el momento, no afectan a las emisiones de CO2. A pesar de lo que dijera Mariano Rajoy que supuestamente pensaba su primo científico, la Unión sigue siendo muy competitiva en cuanto al calentamiento global del planeta. En todo caso, justo es reconocer que el presidente en ciernes ha logrado ya un primer éxito en la materia, al rebajar al menos en dos grados la temperatura de las tertulias durante su primera semana de la victoria. Si logra contener el incendio de los editoriales, dará igual si suprime el ministerio de Medio Ambiente o lo convierte en una confederación de sociedades protectoras de animales y plantas.

    Es primavera en Durban, aunque nuestro otoño no tenga nada que envidiarle a la temporada actual del hemisferio sur. El mundo se da cita en Suráfrica para la cumbre sobre el medio ambiente en donde festejaremos que siguen adelante nuestros planes para la exitosa celebración del Armagedón. El euro se hunde como Venecia. Los polos se derriten casi tan de prisa como el Estado del Bienestar, el agujero de ozono crece como la deuda soberana y los tests de estrés a las centrales nucleares europeas no arrojan mejores resultados que los de nuestros bancos.

    Urge que Greenpeace inicie una campaña contra la extinción del sistema de pensiones y la proliferación de indultos a los banqueros. El Rainbow Warrior tendría que abordar las limusinas que acudan a los próximos ejercicios espirituales del Club Bilderberg. El G20 extermina atunes rojos y rojos en general aunque no sean atunes. Pero el BCE y la política económica de Ángela Merkel se sitúa a la cabeza en la plantación de pobres: con un poco de suerte, volverá a incrementar su cabaña nacional de perros con longanizas y reforestará el sur de Europa con miles de boinas y maletas de cartón sobre los raíles del transmiseriano.

    Contenemos el déficit con la energía de los esclavos pero nadie habla ya de Fukuyima como si las radiaciones se las hubiera tragado un héroe del manga. El hambre es el único cultivo en expansión, pero seguro que de todo ello hablarán sinónimamente los líderes y los tecnócratas que a partir de hoy retocen en ese bonancible mayo surafricano. Que disfruten del clima, mientras quede. Y que vele su sueño una romántica orquesta de vuvuselas.

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  • 21.11.2011 – Juan José Téllez
    Fuente: Público

    Vale que los mercados impongan a la vieja Europa golpes de estado con epidural y desfilen marciales las huestes de tecnócratas por la acrópolis y por el campo de Marte, marcando marcialmente el paso de la oca que ordenan las agencias de calificación.

    Puede también que nos hayamos acostumbrado a que el perro de Paulov esté más despistado que un pingüino en el ascensor y en vez de darle terroncitos de azúcar cuando hace los deberes neoliberales, le endiñan estacazos en forma de primas de riesgo desde Bruselas a Madrid.

    Y a lo peor es que la ciudadanía carece de formación política y cada vez que quiere acabar con el hombre lobo contrata a Drácula, en lugar de dispararle una bala de plata o de  clavarle una estaca en mitad del corazón si es que lo tuviesen los esbirros del capitalismo salvaje; esos que ocultan su programa o lo cambian a mitad de la ruta para estrellar contra los riscos de la contención del déficit doscientos años de conquistas sociales.

    Todo eso está bien, pero quizá algo habremos hecho mal, se tendría que decir a sí misma la izquierda. La posibilista y la probable. Tal vez no supieran denunciar que quien hizo la ley, hizo la trampa, que quien ruega a Dios nos da con el mazo y que los conservadores nos han vendido todas las motos de la caverna mientras las huestes progresistas no han vendido ni el manillar de una bici estropeada.

    Hoy, los carpinteros ya levantan una guillotina de papel en La Moncloa. Pasarán por ella leyes del aborto o del matrimonio homosexual, acosarán quince emes, le pondrán el busca y captura a los artistas de la ceja y el Santo Oficio paseará a Ana Pastor con el sambenito de la mordaza. El rojerío todo lamerá sus heridas de animal racional acosado por las tertulias que dominan las tedetés y que ahora intentarán darle a su película de buenos y malos un final con beso mientras sus ejércitos mediáticos marcharán hacia Despeñaperros, a la conquista de la última Covadonga del PSOE. Quizá los socialistas entonces recapaciten en que lo que se perdió ayer fue la confianza y que tan sólo ganó el beneficio de la duda. Tal vez si la izquierda realmente lo fuese, los electores no votarían a la derecha verdadera.

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  • 07.11.2011 – Juan José Téllez
    Fuente: Público

    ¿Y si Alfredo mirase a los ojos de Mariano y le preguntase simplemente por qué ya no se ven las estrellas desde la noche de las ciudades o por qué los poetas no escriben buenos endecasílabos? Quizá entonces Rajoy le contestara que hemos ganado mucho en pantallas de plasma pero los cines de verano y los sonetos están en vías de extinción.

    Mejor que hablen de esa rara angustia del paso del tiempo antes de que la televisión sorprenda su gesto severo como si, desde el legítimo burladero de sus abultadas cuentas corrientes, pudieran imaginar lo que supone que la camisa no te llegue al cuerpo o al fin de mes. ¿Cómo sobreviven los parados que ya no tienen subsidio?, se preguntará el Hamlet que ambos llevan dentro.

    ¿Y qué quieren esos niñatos del 15M que reclaman referendos por internet como si acaso no viviéramos en un mundo perfecto en el que la Constitución puede reformarse por decreto? Ahora, asentirá uno y otro, todo es coherencia: para que un partido sea admitido en el selecto club de las elecciones tiene que ir buscando avales como para la hipoteca del banco. ¿Cómo no, si presentarse a los comicios supone hipotecarse con quien te presta el dinero para la campaña? Sus asesores quizá les recomienden que no se adentren demasiado en tales cloacas.

    ¿Qué quiere esa gente?, se interrogarán como en aquella vieja canción de María del Mar Bonet. ¿O –se dirán entrambos sin decirlo– es que no entienden esos indignados de pacotilla que la libertad es una meta conquistada y no un camino por explorar? Entre las notas que les pasen los responsables de su equipo quizá se deslice la relación de su respectivo patrimonio inmobiliario: ¿cómo plantear entonces la dación en pago sin que les entre la risa tonta? ¿Habrán asistido acaso a la humillación de algún desahucio?

    Mejor hablar de los ineludibles compromisos comunitarios, del ajuste que exigen los mercados. Ahí se felicitarán ambos por haber recobrado el espíritu del consenso y de que nuestra madurez democrática nos permita alquilar nuestra soberanía, en régimen de leasing, al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional.

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