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  • 10.04.2011 – Juan José Téllez
    Fuente: La Voz de Cádiz

    Hay años horribilis y hay semanas peores. Desde el pasado sábado 2 de abril cuando Rodríguez Zapatero confirmó que no iba a presentarse a la reelección como presidente del Gobierno, el PSOE vivió peligrosamente los últimos siete días, aunque todos acataron la consigna de que no se abriera el melón de las primarias hasta después de las elecciones del 22 de mayo.
    Sin embargo, en Andalucía y en Cádiz se armó la marimorena. El domingo día 3, el clima parecía en calma en el Circuito de Velocidad de Jerez. Por la zona VIP se cruzaban Luis Pizarro, consejero de Gobernación, Francisco González Cabaña, presidente de la Diputación de Cádiz, y Gabriel Almagro, delegado de la Junta en Cádiz y a la sazón responsable del Consorcio del Bicentenario. Por el mismo pasillo, paseaba el consejero de Turismo, Luciano Alonso, con Manuel Jiménez Barrios, ex alcalde de Chiclana y secretario general de Deportes de la Consejería de Turismo de la Junta. El Rey Juan Carlos I iba y venía entre los boxes y el podio, junto con la Infanta Elena y se piraba luego en helicóptero. Claro que el único que no estaba era José Antonio Griñán. Y habría tenido que estar.
    Al día siguiente, lunes, Pizarro se reunía con su equipo para rendir cuentas del mes de La Pepa que acababa de clausurarse y de cuyo balance dieron cuenta a los medios de comunicación entre valoraciones positivas y votos de buenos augurios aunque algunos patrocinadores de los eventos del 12 se resistieran a aflojar la tela. Gabriel Almagro, con una buena gestión a sus espaldas, traía buenas impresiones de su última gira por los despachos de Madrid y de Barcelona. Entonces, estalló un artefacto político de previsibles consecuencias: para el consejo de Gobierno del día siguiente, se confirmaba la destitución ‘ad limine’ de Almagro. Y su sustitución, precisamente por Jiménez Barrios. Luis Pizarro levantó el teléfono: «Pues si lo destituís, yo me voy». «Las puertas las tienes abiertas», le replicaron al otro lado del hilo.
    Y decidió salir. No fue un calentón, diría luego, sino que lo llevaba sopesando desde hacía meses. Que no se arrepiente y que no se siente ni víctima ni culpable. En realidad, como luego se supo, se trataba de una bomba de relojería. Desde la ejecutiva regional del partido y desde la propia Junta, llevaban un año intentando decapitar a Gabriel Almagro, en gran medida, los ojos, los oídos y los brazos de Pizarro en la provincia gaditana, durante los días que él no la recorría de cabo a rabo como el último cantón que le quedaba al que fuera vicesecretario general de los socialistas andaluces durante el largo mandato de Manuel Chaves. Bueno, el último no, si se tiene en cuenta que desde la dirección socialista de Almería se apresuraron a respaldar a la ejecutiva gaditana que titula González Cabaña.
    La noticia saltó ‘on line’ a los medios de comunicación, que empezaron a hacer conjeturas, intentando ver fantasmagorías -el escándalo de los ERE como absurdo telón de fondo-cuando lo que se trataba era de una herida mal cicatrizada, la del último congreso de los socialistas andaluces cuando González Cabaña rehusó incorporarse a la ejecutiva regional para no perder el poder de la Diputación y la tutela del partido en Cádiz. ¿Por qué Griñán, secretario general y presidente de la Junta esperó un año para ensayar un jaque mate contra el gran fontanero de los socialistas andaluces durante los últimos veinticinco años? ¿Por qué ahora, apenas a mes y medio de las municipales? Si la maniobra de acoso y derribo de San Vicente o de San Telmo se hubiera producido antes, quizá se hubieran evitado algunos roces importantes en la elaboración de las candidaturas. Y, desde Arcos a Vejer por ejemplo, no se trata sólo de la batalla de Jerez donde, éramos pocos, esta semana la diputada Mamen Sánchez confesó a la cadena Ser que también le habían ofrecido encabezar la candidatura. Con ella y con Manolo González Fustegueras, el número de precandidatos que no llegaron a serlo se eleva a la enésima potencia. De hecho, incluso pueden empezar seriamente a traumatizarse aquellas personas a las que no les hayan ofrecido sustituir a Pilar Sánchez al frente de esa lista.
    El martes, la dimisión subsiguiente de los hombres de confianza de Pizarro en la Consejería, entre ellos el viceconsejero Gómez Periñán, se analizaba como otro síntoma de guerra interna, cuando se trataba de una decisión lógica si se tiene en cuenta que, a pesar de los análisis de algunos medios de la capital de Andalucía, sus relaciones no eran precisamente idílicas con Francisco Menacho, vicepresidente tercero de la Diputación pero de distinta familia sociliasta y quien fue designado como sustituto de Pizarro al frente de la Consejería. Al menos, tras la reunión de la ejecutiva provincial en Paterna, las aguas parecieron amansarse. Una comunicación de la dirección regional recomendando a los presidentes de las diputaciones andaluzas donde actualmente el PSOE no goza de mayoría que se abstuvieran de postularse internamente para la reelección, desarmó el comité extraordinario que González Cabaña había convocado para el viernes. También quedó desactivada una supuesta dimisión en masa de delegados provinciales con la que se había llegado a especular. Así las cosas, si no vuelven a ocurrir escaramuzas, los socialistas gaditanos podrían haber enterrado momentáneamente el tomahawk respecto a la dirección andaluza que hoy por hoy titula José Antonio Griñán. Difícilmente, apaches y comanches podrían ganar la próxima guerra a los cowboys del PP, tirándose entre sí flechas envenenadas. Sólo conseguirían hacer el indio. Y que el Séptimo de Caballería les encerrase en las reservas.

    Hay años horribilis y hay semanas peores. Desde el pasado sábado 2 de abril cuando Rodríguez Zapatero confirmó que no iba a presentarse a la reelección como presidente del Gobierno, el PSOE vivió peligrosamente los últimos siete días, aunque todos acataron la consigna de que no se abriera el melón de las primarias hasta después de las elecciones del 22 de mayo.

    Sin embargo, en Andalucía y en Cádiz se armó la marimorena. El domingo día 3, el clima parecía en calma en el Circuito de Velocidad de Jerez. Por la zona VIP se cruzaban Luis Pizarro, consejero de Gobernación, Francisco González Cabaña, presidente de la Diputación de Cádiz, y Gabriel Almagro, delegado de la Junta en Cádiz y a la sazón responsable del Consorcio del Bicentenario. Por el mismo pasillo, paseaba el consejero de Turismo, Luciano Alonso, con Manuel Jiménez Barrios, ex alcalde de Chiclana y secretario general de Deportes de la Consejería de Turismo de la Junta. El Rey Juan Carlos I iba y venía entre los boxes y el podio, junto con la Infanta Elena y se piraba luego en helicóptero. Claro que el único que no estaba era José Antonio Griñán. Y habría tenido que estar.

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